en cada ocasión que íbamos a comer ahí, doña Cami siempre me hacia platica , sobre las plantas, los arboles las flores, me hablaba también de un tiempo pasado, de ese que a mi ya no me toco vivir, pero no por ello había dejado de actualizarse, también conocía los temas de interés del momento.
siempre nos recibía alegre y jovial, era una de esas mujeres que tienen paz y alegría en el corazón, y ese día no era la excepción, pues a pesar que para mi y mi hermano de misión era un día nostálgico, pues después de 9 meses decíamos adiós a ese pueblito que nos acogió con mucho amor, donde vivimos alegrías, retos, aventuras, ella nos recibió como todos los días, sin tristeza, sin lagrimas, por el contrario, nos platico sobre flores y hasta bromeaba con nosotros.
En ese día ya habíamos llorado mucho, pero al llegar con doña Cami todo fue muy tranquilo, mientras comíamos nos contaba historias, nos preguntaba cosas, y nos bromeaba sobre algunos temas, sin embargo mi compañero misionero y yo sentíamos esa sensación de que el tiempo se acaba de que jamas volveríamos a ver a la gente de aquel cálido pueblo, y me pasaba también por la mente que ya jamas volvería a ver a doña Cami, ni ha comer con su hija.
el tiempo volaba y ya eran casi las diez de la noche, el cielo estaba cuajado de estrellas, era una noche de verano y se sentía mucho calor, doña Cami seguía bromeando, a pesar de saber que era la ultima noche que estaríamos platicando con ella.
llego entonces el momento de decir adiós, esa parte difícil de la noche, y sucedió que doña Cami tomo la palabra y como toda una exegeta nos comenzó a meditar el Evangelio, eligió esa parte donde Jesús les dice una parábola sobre los trabajadores de una vid, donde unos comienzan a trabajar desde muy temprano, otros a medio día y otros por la tarde, y sin embargo al final todos reciben solo un denario.Doña Cami finalizo, nos sonrió y nos dijo: "sigan trabajando por un denario", sus palabras se me hicieron extrañas, lo mismo que para mi hermano misionero, ella se tomo un respiro, nos miro y nos comenzó a explicar:
"todos nosotros estamos trabajando en la viña de Dios, que es el mundo, unos como yo ya llevan muchos años trabajando, otros van a medio camino y otros recién han comenzado a hacerlo, pero todos vamos a recibir la misma paga, un denario, que es el cielo, todos somos familia, la gran familia de Dios, y estoy segura que si no nos volvemos a ver aquí ,nos volveremos a ver allá arriba así que tengan siempre animo y sigan luchando por ese denario, recuerden que cristo paso haciendo el bien, eso es todo lo que debemos hacer para ganar el denario: hacer el bien".
sus palabras me conmovieron hasta las lagrimas, no era una exegesis salida de un teólogo, o una homilía preparada por un sacerdote, era la experiencia de una persona de ochenta y tantos años, enamorada de Dios, sus palabras siguen en mi hasta el dia de hoy, y estoy seguro que pueden dar vida a muchas personas que lo necesitan.
Doña Cami se despidió de nosotros sin soltar una sola lagrima, al contrario, soltando carcajadas y sonrisas y me dio una lección muy importante en mi vida también comprobé lo que hace tiempo había leído : "el mejor teólogo es quien se arrodilla ante el misterio".
sigamos adelante en este camino, si te gustó, compártelo, y no olvides seguir trabajando por solo un denario.
Dios te bendiga
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