¿Has paseado entre las huertas sólo a la luz de la luna?
Hace algunos años yo tampoco sabía que era eso, hasta que me tocó ir a un pueblito más allá de las huertas, donde él camino siempre era una aventura.
Hubo una noche en que me sentí por completo en las manos de Dios, muchas veces yo creí estar así, en las manos de Dios, pero la verdad es que pocas ocasiones lo he hecho en realidad, y esa noche fue una de ellas.
Tomé mi morralito misionero, aquel que me ha acompañado siempre, donde llevaba una biblia, un rosario y una libreta, pero eso sí, muchas ilusiones por llevar el Evangelio.
En el camino de ida me entretenía oliendo el azar de la naranja al cruzar las huertas, mientras iba meditando el rosario, así es como calculaba el tiempo, pues no poseía ni un reloj, así que cuatro rosarios eran necesarios entre las huertas para llegar al pueblo al que iba.
Todo transcurrió normal, fue un día muy alegre , en el que pude compartir el Evangelio con catequesitas y otros grupos parroquiales, pero entre alegría y alegría se me fue el tiempo sin darme cuenta, y al percatarme que fuera de la iglesia ya todo era oscuridad me preocupé por llegar lo más pronto posible a la casa donde vivía.
De prisa me despedí , tomé mi bicicleta y comencé el camino de vuelta, pero apenas salí del pueblo y comenzó una tormenta fuertísima, que apenas me permitia ver unos metros adelante, de nuevo comencé a orar mientras me adentraba a las huertas.
Estaba mojado por completo y el camino se hacía cada vez más difícil, hasta mi morralito y mi biblia se mojaban y todo era oscuridad, sólo el reflejo de la luna en el río que surtia las huertas era mi única guía
Después de dos caída en el lodo me di cuenta que me resultaría casi imposible llegar a mi destino, y también recordé que no había comido nada en ese día , el hambre se hacía presente, lo que hice fue pararme debajo de un naranjo y robarle algunos frutos, la noche era cada vez más cerrada y la lluvia más fuerte, puse mi bicicleta en un costado del tronco y me recosté debajo de aquél árbol, así fue como pasé aquella noche, meditando en la soledad y el silencio , totalmente en manos de Dios,orando y meditando, pero también recordé que la distancia entre el cielo y la tierra son tan solo gotas de lluvia.
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