En las misiones que iba les enseñaba a rezar el rosario o les hablaba un poquito sobre María, pero no me sentía encantado por Ella , no sentia ese deseo de orar con Ella , de platicar con Ella , sólo era para mí un personaje más.
Sucedió que un sacerdote me invitó a ser su sacristán, a lo que accedí en seguida, me encantaba ser sacristán, pasar todo el día dentro de la parroquia, con el olor a flores , el olor a limpiador de madera que utilizaba los viernes para dejar limpio el piso , y ese olor a incienso que está presente en casi todas las parroquias.
El sacerdote me enseñó a amar a María, no con consejos ni con predicaciones, sino con el ejemplo, el ama a María , nuestra santa madre, y así me enseñó a amarla.
Cada vez más sentía cerca a María , la sentía con ese amor materno, y así fue como comencé a orarle todos los días, a platicar con Ella , a cantarle, eso fue lo que me enseñó el padre.
Pasaba el tiempo y cada día me sentía más hijo de María , pero no lo había notado hasta el triste día que ese santo sacerdote se fue de la parroquia, lo noté porque esa consagración a María que tanto me gustaba ahora ya no la volvería a rezar después de misa , ahora el nuevo sacerdote no la quería hacer, ahí fue cuando me di cuenta que yo ya amaba a nuestra santa madre la virgen María, entre lágrimas respiré fuertemente y poniendo mi vista en la imagen de nuestra santa madre comencé a recitar:
"Oh señora y madre mía , yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi fiel afecto te consagro en este día y siempre : mis ojos , mis oídos , mi lengua y mi corazón, en una palabra todo mi ser , ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad, guárdame y defiendeme como cosa y posesión tuya , amén".
No hay comentarios.:
Publicar un comentario